Cama 438- Como sobreviví al coronavirus. Parte 3 Recuperación y notas finales

La parte 3 de como sobreviví al coronavirus, quiero dedicarla a toda la gente que estuvo al pendiente de mi recuperación, gracias por todo lo que hicieron y por sus buenos deseos no tengo forma de como pagarles.

Adaptación post coronavirus

La primer noche que pase en casa al ser dado de alta fue irreal. La debilidad hacia estragos en mi. Era como un saco de huesos. Perdí aproximadamente un 30% de mi masa muscular. Esto sumado al dolor y los calambres hacían mis movimientos lentos y torpes.

La ansiedad se manifestaba con dificultad para respirar y opresión en el pecho. Mi mente jugaba conmigo y con la frágil mejoría con la que salí del hospital. Nuevamente llore.

Era como si el mundo fuera un lugar nuevo y aterrador. Todo parecía una ilusión. No podía diferenciar entre un sueño y esa realidad. Ademas no me sentía suficientemente «sano» como para poder sobrevivir. Poco a poco fui domando mis pensamientos y logre serenarme.

Esa misma noche antes de dormir pude hablar con mi hija. Vi su cara radiante y su mirada de extrañeza. Le costo un par de minutos reconocer mi rostro, pero al final me regalo sus sonrisas y me puso al día de todo lo que había aprendió durante el tiempo que no tuvimos contacto. Me costaba trabajo creer que tuviese otra oportunidad mas para estar con ella.

Oportunidad

Al intentar dormir recordé las noches en el nosocomio y despertaba exaltado ante el menor ruido. Finalmente logre conciliar el sueño pero por mi cabeza rondaba la idea de que quizá no amanecería con vida.

Recuperación. Dejar de estar aislado

La recuperación ha sido lenta y desesperante. Todas las mañanas despierto deseando que todo haya sido una pesadilla, un mal sueño, pero no es así.

Cuando por fin pude hablar mas tranquilamente con mi familia comprendi el dolor y sufrimiento que vivio la gente que se encontraba al rededor de mi. Ellos tuvieron que lidiar con la incertidumbre, imaginar lo que sentian cuando en el hospital el unico informe que recibian era «grave pero estable». No poder dormir toda la noche por pensar que en cualquier momento la muerte reclamara mi vida. Estaban devastados emocional y físicamente. No fue nada fácil para ellos.

Estando internado no pude recibir todas la cartas que me escribieron. Al entregármelas en la tranquilidad de mi cuarto me sentí muy contento ya que eran muchísimas. También había cientos de mensajes de apoyo. Estoy muy feliz de saber que cuento con gente valiosa que hizo hasta lo imposible por poder contactar conmigo o con mis familiares para hacernos saber que contábamos con su apoyo. No tengo manera de agradecer tantas atenciones.

Recibí mensajes de amigos del trabajo y de trabajos anteriores, compañeros de la primaria, secundaria, bachillerato, universidad, de amigos que han tocado mi vida y me han permitido dejar una huella en la suya. Esos mensajes son en gran medida el aliciente de escribir estas lineas. Me hicieron sentir que mi misión en esta vida es mas grande y que recibí una segunda oportunidad para conseguirla. Ustedes saben quien son, gracias por ser mis maestros de vida.

Respecto a la rehabilitación ha sido mas lenta de lo que esperaba. A mas de 40 días de haber sido diagnosticado y 20 de haber sido dado de alta sigo presentando dificultad para respirar, cansancio y molestias en garganta oído y ojos. Incluso duermo con un termómetro a lado de mi cama y constantemente reviso mi temperatura corporal.

Huellas para toda la vida

Existe el temor latente de que ciertos síntomas puedan convertirse en secuelas permanentes. Si embargo es es una lucha que se debe de vivir día a día y ganar territorio aunque sea en pequeñas porciones. No puedes dejarte vencer por la enfermedad. Tu cuerpo siempre debe de luchar y considera mejorar tus hábitos para poder ganar esta batalla.

En este punto he tenido la oportunidad de platicar con conocidos que desafortunadamente también están infectados y parece ser que tenemos un miedo en común de que nuestra situación se complique nuevamente y. La mente juega un papel determinante en la recuperación, sin la mentalidad correcta es fácil sentirse presa del coronavirus.

Si de algo estoy seguro es de la marca que esta experiencia dejo en mi persona y de de como transformo mi ser. Aprendamos a valorar las cosas que realmente importan en la vida, dejemos de pensar en lo que no tenemos y disfrutemos el presente. Olvidemos viejos rencores y perdamos el miedo a vivir nuestras vidas. Tomemos decisiones sin importar el mañana que quizá nunca llegue. Dejemos de habitar en el futuro y comencemos a dar pasos en nuestro aquí y nuestro ahora.

Notas finales

Existen tantos detalles y tantas cosas que me gustaría compartir pero en esencia creo que pude resumir lo mas importante. Nuevamente quiero agradecer a familiares y amigo, a todo el equipo multidisciplinario de salud y a Dios por que esta experiencia no la hubiera sorteado solo sino con la ayuda de todos ustedes.

Los invito a que hagan extensa mi historia ayuden a alguien que este pasando por una situación difícil. Háganle saber que no están solos y que si existe luz al final del túnel. Compartan si creen que alguien lo requiera. Si necesitas ayuda házmelo saber, en medida de mis posibilidades podre extenderte la mano.

Conoce la historia completa dando click aqui abajo

Cama 438- Como sobreviví al Coronavirus. Parte 2

Carta_hija_durante_hospitalizacion_por_coronavirus

Durante mi estancia hospitalaria me encontraba en la cama 438. En esta segunda parte tratare de describir como sobreviví al coronavirus. Tengo que aclarar que existen muchos detalles que no recuerdo y muchos otros que omitiré para hacer el relato mas fluido.

El hospital de reconversion coronavirus

La sala de urgencias coronavirus

Una vez que en el triage se tomo la decisión de ser ingresado, recuerdo que únicamente pude despedirme a lo lejos de mi madre, la cual no pudo contener las lagrimas en sus ojos. En este punto la falta de oxigeno causaba daño en mi pecho y en mi cerebro alterando mi estado de conciencia.

Todo se movía en cámara lenta. El personal asignado al área de coronavirus abrió una puerta al final del pasillo, desde ese momento todo se volvió confuso.

Recuerdo que camine por el pasillo, con lo ultimo que me quedaba de fuerzas y conciencia. Subí a una camilla que me esperaba en la entrada. En ese momento eramos 5 personas las que nos encontrábamos en observación.

Me tendí en la camilla y solo observaba las intensas luces que mantenían iluminada un área totalmente aislada. Escuchaba un monitor cardíaco y un ventilador mecánico que mantenía con vida a un paciente en el otro extremo de la sala.

El personal de enfermería inmediatamente comenzó con los cuidados pertinentes. Ellos vestían unos pesados equipos de seguridad que desde ese momento se volverían parte de mi día a día. Me colocaron inmediatamente unas puntas nasales para brindarme el precioso oxigeno que tanto me faltaba en ese momento.

Instalaron un catéter venoso periférico en el dorso de la mano derecha, por donde conectaron una solución fisiológica para intentar contrarrestar la deshidratación causada por la fiebre. Me entregaron una bata y me ayudaron a cambiarme ya que como mencione antes me encontraba casi inconsciente.

El traslado

Un medico asignado al área intento hacerme una entrevista para valorar mis signos y síntomas, sin embargo yo no podía responder las preguntas debido a mi condición.

En el momento que ingrese al hospital, este acababa de ser designado para atender solamente pacientes con coronavirus, por ello había suficientes camas y me asignaron una muy rápido.

Estaba listo para el traslado. Llamaron al camillero y de inmediato llego con una cubierta trasparente para la camilla y la instalo sobre de mi. Me colocaron el tanque de oxigeno y nos dirigiamos a hospitalización.

Por solicitud del medico en el traslado hicimos un alto en rayos x. Me tomaron una imagen de tórax. Nos dirigimos al elevador y en un parpadeo llegamos a la cama 438. La cual se convertiría en mi casa por mas de diez días.

CAMA 38 piso 4

hospitalizado_por_coronavirus

Me instalaron en la cama 38 del cuarto piso, el cual censaba 41 camas. Me encontraba en la ultima sala. Compartiría el cubículo con 3 pacientes mas.

Al instalarme en la cama observe que en frente de mí había un paciente con ventilación mecánica. A mi lado y en contra esquina dos señoras que parecian mas estables.

Una vez en la cama perdí la conciencia y me quede dormido probablemente por el cansancio que arrastraba de días anteriores. Desperté en la madrugada y lo primero que observe fue la cortina de la cama de enfrente estaba corrida. El paciente había fallecido unos instantes antes. Volví a dormir.

Estas imágenes se volverían un común denominador de los turnos nocturnos.

El segundo día igual lo pase prácticamente inconsciente. Pero en la noche tuve un sueño que permitió mi condición mejorara. Soñé que estaba en mi cama y escuchaba una vocecilla que me decía:

«Ya levántate papi vamos a jugar a la cocinita», «levántate ya no andes de flojo y vamos a los juguetitos».

Mi hija me tomaba de la mano y me levantaba de mi cama. Era como si flotara, fue solo durante un breve momento, pero fue muy real. A la mañana siguiente la conciencia regreso a mi, tenia dificultad para hablar y sentía mi cuerpo hecho trizas pero en ese momento todo comenzó a ser mas claro. Gracias este sueño sobreviví al coronavirus.

De los dos primeros días no recuerdo casi nada. Ya para el tercer día comencé a comer, no por apetito. Algo dentro de mi me decía que si no ingería alimento moriría. Recuerdo que tendido en mi cama llevaba por inercia la comida a mi boca, masticaba poco y tragaba. La comida seguia sin tener sabor alguno.

Redes de apoyo

Poco a poco recobraba conciencia. No sabia en que día me encontraba y no me quedaba claro cual era mi condición. Escuchaba como los otros pacientes de la sala hablaban como si se conocieran desde hace mucho tiempo.

En ese momento pude identificar a mis compañeros de sala. La señora «P» se encontraba a mi derecha. La señora «T» en la contraesquina de mi cama. El señor «A» en frente de mi.

Conforme recuperaba la conciencia, la idea de estar totalmente aislado adquiría fuerza. Por ello es que resulta muy fácil interactuar con los otros pacientes de las salas. Bastó con preguntar la fecha y el día, y presentarme solo con mi nombre, para comenzar una charla.

Platicábamos de cualquier tema. Desde cosas muy triviales, hasta conversaciones serias acerca de nuestra condición. Compartíamos los mismos deseos de recuperarnos y el mismo miedo a morir en manos del coronavirus.

¿Tratamiento para coronavirus?

El tratamiento farmacológico hacia estragos en mi persona. Este consistía en fuertes dosis de glucocorticoesteroides, antibióticos intravenosos y tomados, broncodilatadores, analgésicos y un anticoagulante, el cual me inyectaban directamente en la zona al rededor del ombligo.

Los principales efectos secundarios repito era la sensación de malestar en la boca y dientes. A este se sumaba un dolor intenso en todas las articulaciones que me impedía moverme libremente.

Incluso no podía levantarme para ir al baño. Mis movimientos eran lentos, torpes y dolorosos. Me cansaba incluso si hacia pequeños esfuerzos. A la hora de comer solo ingería la dieta e inmediatamente caía rendido por el cansancio.

Esta situación prevaleció por 4 o 5 días mas. En ese transcurso recibí algunas cosas del exterior. Principalmente de aseo personal y unas cartas que me enviaron familiares. Estas cartas servían de alimento para el espíritu. Entre ellas se encontraba una de mi pequeña donde con pintura plasmo su pequeña mano. Cuando sentía dolor en el pecho o me costaba trabajo respirar, colocaba la carta en mi pecho y comenzaba a rezar.

Cartas_familia

Recuperación

A partir del octavo día de tratamiento comencé a notar mejoría. Poco a poco mi cuerpo iba recuperando fuerza. El oxigeno solo lo utilizaba por las noche para dormir. Nuevamente me hicieron una placa de rayos x. Afortunadamente notaron una gran mejoría y en esos momentos ya se hablaba de una probable alta.

Comencé a deambular por indicación de los médicos. Mis deseos de recuperarme pronto me motivaban a realizar algunas rutinas de ejercicios que aunque eran de baja intensidad, me obligaban a colocarme el oxigeno nuevamente.

En este punto mi conciencia ya estaba casi al cien. Por ello comencé a darme cuenta de lo peligroso que es el coronavirus. En un momento te encuentras bien y en un instante pueden complicarse los síntomas y morir repentinamente.

Por las noches era un terror constante intentar dormir. No entiendo todavía porque pero a partir de las nueve de la noche muchos pacientes comenzaban a complicarse, quizá era mi mente no lo se. Eso volvía prácticamente imposible conciliar el sueño.

Puedo decir que en el lapso que estuve hospitalizado vi morir a mucha gente derivado de las complicaciones del coronavirus. Se volvió una experiencia traumatica estar en constante asecho de la muerte. Personas con las que compartías un pedazo de tu vida morían en un par de horas.

Para el décimo día me encontraba mucho mas repuesto e incluso mis rutinas de ejercicio se volvían mucho mas intensas y aunque estuviera cansado decidí no usar el oxigeno a menos que verdaderamente fuera necesario.

Después de varias muestras de laboratorio y de verificar mis rayos x los médicos decidieron hacer una prueba final para decidir si me encaminaba hacia la recuperación. Me informaron que me observaba mucho mas repuesto y que harían una gasometria arterial y de esto dependía mi alta.

Recuerdo que antes de tomar la muestra había tomado una ducha y me encontraba sentado en la cama. Cuando llego la doctora con el equipo para la toma de muestra. Comenzó su procedimiento y sentí mucho dolor por la manipulación de la arteria y en ese momento me desmaye.

Por fortuna el personal de enfermería me ayudo a recostarme en la cama. Reaccione a los pocos segundos pero jamas olvidare esa sensación. Permanecí un rato descansando y al final me repuse sin mayor complicación.

El día doce después de tener todos mis estudios y de la valoración medica me informaron que estaba listo para irme de alta. En ese momento me emocione mucho por que pensé que el mismo sábado saldría del hospital. Pero todavía pase una día mas en el nosocomio.

Yo no podía dormir desde hacia dos noches debido el estrés que vivía por lo que ya explique en párrafos mas arriba. Comenzaba a deprimirme estar tan cerca de la muerte. La ultima noche comencé a llorar y en ese momento me di cuenta que había construido una muralla emocional para soportar esta experiencia. Pero no pude mas y llore hasta caer dormido.

La mañana siguiente era como si hubiera tenido una revelación como si algo dentro de mi hubiera cambiado para nunca mas volver a ser igual. Decidí que no podía vivir una vida con miedo y mi fe se vio fortalecida en muchos sentidos.

Pasado el desayuno se acerco el medico de base y me comento que probablemente el alta todavía no estaría lista. Después de la experiencia que había vivido la noche anterior decidí dormir.

Estaba tomando una siesta cuando se acerco el medico y me dijo que ya estaba mi nota de alta, que solo tendríamos que esperar a que se realizara el tramite y llamaran a mi familiar. Esto sucedió aproximadamente las doce del día de día 3 de mayo.

Esta noticia me puso muy alegre. Sin embargo comenzó a apoderarse de mi una angustia de no saber que me esperaba afuera y si en verdad me encontraba lo suficientemente sano para estar sin los cuidados de el equipo de salud. Comencé a sentir que la respiración me faltaba y una opresión en el pecho, peor que con la que ingrese.

Nota_de_alta_coronavirus

Las palabras de la señora «P» me hicieron reflexionar:

«Yo prefiero morirme en mi casa que en el hospital»

Pense que tenia razón. Así por lo menos podría ver a mis familiares, Poco a poco fue llegando a mi la calma y las espera por salir se volvió mas llevadera.

Eran las 6:00 pm y pensé que pasar otra noche en el hospital seria algo inevitable. No sabia si era por el tramite o por que no localizaban a mi familiar pero supuse que no me darían de alta aquella tarde.

Finalmente a eso de las siete con treinta minutos me informaron que ya había llegado mi familiar y que tenia mi ropa para cambiarme. Me despedí con muestras de afecto de mis compañeros de sala y les deje muchos buenos deseos y bendiciones.

No pude contener las lagrimas por que sabia que todo esto era el final de un ciclo. En ese momento deseaba que todo fuera una pesadilla y esperaba en cualquier momento despertar. No fue así. Me cambie en un área que tenían asignada y me dijeron que ya podía salir.

En la puerta me rociaron con un aspersor para descontaminarme. La gente aplaudía y me felicitaba por haber vencido al coronavirus. Vi a mi madre y me derrumbe en llanto me abrazo y me dijo que todo estaba bien.

Me sentía aterrado de poder contagiarla, sin embargo su abrazo era todo lo que necesitaba en ese momento. Todo sucedió tan rápido que no tuve tiempo de saborear mucho menos digerir esa situación. Es ahora que escribo estas lineas cuando adquieren sentido. El mundo me parecía un lugar extraño. Y me sentía despersonalizado.

Al salir del hospital y sentir el aire en mi cara me sentí vulnerable y frágil. Como si cualquier cosa pudiera acabar con la inestable salud que había construido hospitalizado. Vi a mi esposa en el auto y le dije que era una bendición volver a verla.

En el trayecto permanecí callado. Inmerso en mis pensamientos. Tratando de entender que era todo lo que había vivido. Al llegar a casa de mis papás, lo único que podía hacer era agradecer a Dios por que me había dado la oportunidad de verlos una vez mas.

Fui directo al baño y abrí la regadera. Comencé a llorar como si mi llanto estuviera sincronizado con el agua. No entendía la situación y me tire en el piso. Era como si el agua y mis lagrimas se llevaran algo muy pesado que muy en el fondo iba cargando. No dejaba de agradecer a Dios y de preguntarle ¿por que a mi?. No hubo respuesta.

Finalmente cuando recobre la calma. Me levante y seque mis ojos. Salí de la regadera me vestí . Era como si nunca hubiera usado mi ropa. Nuevamente era una persona y no un paciente o un numero en una cama de hospital.

Me recosté en la cama y me dije a mi mismo : ¡Sobreviví al coronavirus!

En la parte 3 compartiré como ha sido la recuperación y como ha cambiado mi vida después del coronavirus. Si te interesa conocer el inicio de la historia visita la parte 1. Si crees que esta historia puede servir de inspiración a alguien no olvides compartirla.

Si deseas conocer mas acerca del coronavirus y cuales son sus principales manifestaciones clínicas puedes descargar la guía que emitió la OMS acerca de esta peligrosa enfermedad.

Cama 438. Como sobreviví al coronavirus. Parte 1

El pasado 11 de abril de 2020 fui diagnosticado con Covid-19. El día de hoy , casi un mes después decidí compartir mi historia de supervivencia y de como fui hospitalizado durante mas de diez días en la cama 438 de un hospital que atendía únicamente pacientes con el nuevo coronavirus,SARS CoV-2 .

Este relato esta divido en 2 partes. En la primera parte describo como fueron los primeros días de cuarentena, la que viví de manera ambulatoria en mi casa y en la parte 2 hablo de mi ingreso hospitalario y la rehabilitación una vez que fui dado de alta.

El inicio

Todo comenzó un sábado lo recuerdo bien. Me encontraba en casa y había salido a comprar algo de comer. Ahí fue cuando comencé con los primeros síntomas: falta de apetito, un cansancio extremo y malestar estomacal manifestado por acidez y gastritis.

Sin embargo parecían muy vagos así que no les di importancia y pensé que con un poco de descanso me sentiría mejor al día siguiente. Que equivocado estaba.

El domingo 12 me presente al trabajo con un cansancio que no era normal. El desayuno lo hice solo por convivir por que mi apetito había mermando y ya presentía en este momento que algo no andaba bien, por eso marque mi distancia con mis compañeros e incluso bromeaba con que me había contagiado de coronavirus.

El mismo domingo cuando me dirigía a casa note que en el trayecto estaba empapado de sudor. Esto solo confirmo mis sospechas de que muy probablemente estaba infectado de SARS-CoV-2 . Me dedique el resto del día a descansar y decidí acudir a realizarme una valoración medica al día siguiente.

Consulta, toma de muestra y diagnostico.

Medicina del trabajo

A primera hora del día lunes 13 de abril me presente en el consultorio de medicina del trabajo de mi unidad. En ese momento la fiebre ya comenzaba a apoderarse de mi y el cansancio me impedía encontrar el confort en la sala de espera.

El servicio se encontraba lleno y la consulta se hizo muy lenta por dos condiciones. La primera, los síntomas que parecían empeorar cada minuto en que esperaba ser atendido. La segunda, la decisión del medico de hacer primero la consulta de los pacientes subsecuentes o crónicos y al final los sospechosos de Covid por protección de infecciones cruzadas. Espere desde las 8:00 am hasta la 1:00 pm para ser atendido.

Ya en el consultorio el medico siguió los algoritmos marcados por las guías de practica clínica. Me entrevisto, realizo historia clínica, analizo factores de riesgo, dio seguimiento epidemiologico y al finalizar concluyo que era un paciente que cumplía con los criterios para un probable caso de Covid. Por lo cual determino tomar una muestra y darle seguimiento como caso sospechoso.

PCR-RT

Al finalizar la consulta el medico me entrego una incapacidad laborar por 3 dias en lo que se obtenian los resultados de la prueba.

Me canalizo con el epidemiologo el cual tomaría la muestra y daría seguimiento a mi caso debido a la características del mismo. Al llegar con él me entrevisto de nuevo e intento descubrir en que momento pude haberme contagiado y quienes en mi área de trabajo habían estado expuestos al probable contagio. Esto con el fin de dar seguimiento a otros posibles infectados.

Una de las pruebas que se utilizan en México para el diagnostico en esta pandemia es la de PCR-RT que en español se traduce como «Reacciones en cadena de polimerasa con retrotranscriptasa». Y la toma de muestra es muy simple.

El medico epidemiologo me invito a sentarme en la cama de exploración y se coloco el equipo de seguridad recomendado para dicho procedimiento. El cual consta de mascarilla n95, una bata estéril y desechable, guantes, ademas de protección ocular (gogles) y un gorro para evitar cualquier exposición a gotas o micro-gotas las que se conoce con el nombre de Flügge.

La toma de muestra consiste en la recolección de secreciones de nasofaringe y orofaringe con hisopos estériles y colocarlas en un tubo de ensayo que desconozco si contiene un medio de cultivo o un reactivo. Esta muestra es enviada al laboratorio para su posterior proceso e interpretación.

Después de que tomaron la muestra y tenia mi incapacidad me retire a mi domicilio, ubicado en Tecamac, Estado de México, para descansar en lo que esperaba el resultado y en dado caso de resultar positivo comenzar con mi manejo ambulatorio.

El mensaje

Cabe mencionar que en este punto la fiebre ya se había instaurado como síntoma predominante, ademas del cansancio extremo y la aparición de otros como la conjuntivitis, la perdida del gusto y del olfato. Como estos síntomas eran nuevos me tomo un algo de tiempo identificarlos y notar que ya formaban parte de del repertorio del coronavirus.

Todo comenzó mas o menos bien. Un poco de fiebre la tos era prácticamente inexistente. Durante los dos primeros días parecía que no la iba a pasar tan difícil. Mi plan era cumplir con mi cuarentena y seguir con mi vida normal. Que equivocado estaba.

El mares 14 de abril cerca de las 6:00 pm me encontraba descansando en mi cama cuando sonó una notificación de mensaje en mi celular. Aquí la captura de pantalla.

Captura_resultado_prueba

Aunque era algo que ya me imaginaba la noticia me impacto, en ese momento comencé a sentir miedo y ansiedad. Era el momento de tomar decisiones y de actuar de la manera mas objetiva posible.

Aislamiento

Le avise a mis familiares, verifique mis víveres y me dispuse a hacer mi cuarentena. En casa tenia un termómetro y mis familiares me hicieron llegar un oximetro de pulso y un baumanometro.

A partir del 3 día la fiebre comenzó a ser mas violenta superando incluso los 39ºC y prácticamente incontrolable con medios físicos y farmacológicos.

Esto comenzo a colocarme en una situacion de desesperacion tal que no encontraba forma de hacerle frente a covid-19.

Varios momentos me he sentí acabado por el virus. Sin embargo sacaba fuerzas de quien sabe donde para intentarlo un día mas.

En ese punto lo único que quería era descansar y tratar de recuperarme.

Si la fiebre que en ese momento era de lo peor, el viernes 17 se agrego otro sintoma al repertorio de mi enemigo mortal, «la dificultad para respirar» en terminos médicos el diestres respiratorio.

Ante esta situación sentí mucho miedo, pues había escuchado que es una de las complicaciones mas rojas de la infección. Así que me dirigí a el hospital para que valoraran la necesidad de ingresarme o mantenerme ambulatorio. Afortunadamente no fue necesario el ingreso hospitalario (en ese momento).

Habia transcurrido toda una semana de lunes a viernes y pensaba que había alcanzado el clímax de covid. Imaginaba que los síntomas comenzarían a tener algún tipo de mitigacion o disminución principalmente queria que ya bajara la fiebre.

Pero no fue así. Paso el sábado y la fiebre hacia estragos en mi persona a su voluntad, incluso tengo registros de termómetro de 40ºC. Mi apetito se había mermado por la perdida del gusto. Si comía algo salado era como comer cucharadas de sal y con lo dulce lo mismo .

Había ocasiones en que mi mente jugaba conmigo y pensaba que la fiebre estaba bajo control. Solo para darme cuenta amargamente que no era así. Incluso parecía mucho mas descontrolada que en otras ocasiones.

Las emociones y el covid

El día domingo decidir no hacer nada y dejar que el covid me abatiera con todo su poder. Pensaba que quizá así podría después colocarme en una posición mas ventajosa y comenzar a ganar algunas batallas con los medicamentos que me habían recetado. Otro error mas.

Cuando desperté por la tarde la fiebre estaba muy descontrolada y tenia una acidez terrible supongo por la falta de ingesta.

En esta parte del proceso del covid-19 descubrí un componente importante en la recuperación «el factor emocional». Físicamente estaba acabado y emocionalmente también. Me sentía terriblemente solo, cansado, fastidiado, desesperado, por no poder controlar esta enfermedad.

Tenia muchas ganas de llorar y lo hacia. No entendía que estaba sucediendo por que los síntomas que pensaba iban a ser tan pasajeros me pasaban una factura tan cara. Cuestionaba todo y renegaba de mis propias creencias.

Un día después por la noche comencé a sentir una opresión en el pecho y comencé a tener mayores dificultades para llenar mis pulmones de aire, como si algo obstruyera la capacidad para llenarlos por completo.

La decision

EL miedo se apodero de mi, me sentía vulnerable. Me coloque el oximetro y marcaba 88 de saturación. Me comunique con mi familia y en ese momento me di cuenta que mi ingreso hospitalario seria algo inevitable.

Llame al 911 y primero me comunicaron con personal del área medica el cual me entrevisto y dictamino que si era necesario que me trasladara a el hospital mas cercano antes de que se complicara mi situación.

Solicite una ambulancia al mismo numero y después de esperar unos minutos me redireccionaron con Protección Civil de Tecamac. Al exponer mi caso, su respuesta se limito a que ellos no contaban con el equipo ni la infraestructura para realizar ese tipo de traslados.

Desconcertado no sabia como reaccionar. Tenia mucho enojo y al comentarlo con mis familiares pude desahogar algo mas que esa frustración. Llore y les hice saber el miedo que me daba mi situación. Me escucharon y me apoyaron incondicionalmente.

En ese momento sucedió algo que no puedo explicar. La temperatura disminuyo (temporalmente) y mis niveles de oxigeno se restablecieron hasta 92 SPO 2. Con esto tome la decisión de pasar esa noche en casa y mañana a primera hora dirigirme al hospital.

El martes 21 de abril a las 7:00 am mi temperatura era de 39°C saturaba al 83 SPO 2 , el dolor en el pecho se volvía cada vez mas opresivo. Tome mis cosas llame a mi madre y me dirigí a el Hospital General de Zona.

Al llegar al área de urgencias vi a mi madre y le entregue mis cosas, la falta de oxigeno ya empezaba a hacer estragos en mi conciencia. Me despedí de ella entre lagrimas e incertidumbre, e ingrese a la sala de espera donde permanecí lo que creo fue media hora antes de pasar al triage respiratorio.

En ese momento yo no podía articular mas de dos palabras juntas. La falta de oxigeno era tal que comenzaba a olvidar cosas básicas como mi numero de teléfono. El personal de salud me hacia preguntas, pero yo no estaba seguro de responder. Fue entonces dictaminaron que era necesario el ingreso hospitalario.

Si quieres conocer cual fue mi historia de supervivencia dentro de un hospital de coronavirus no te pierdas la segunda parte de mi relato. El día de hoy puedo decirte que me siento muy afortunado de poder compartir estas lineas y doy gracias a Dios por esta nueva oportunidad.

No olvides compartir para que mas personas estén enteradas de que es posible vencer el covid-19. Si quieres contactar conmigo puedes dejar un comentario en la sección de contacto y no te olvides de seguirme en mis redes sociales para mas información respecto al tema.